Chisme
Resulta que después del merequetengue del desfile —que si la banda, que si el caballo mal amarrado, que si la porra del bachillerato que se quería lucir— todos pensaron que lo peor del día sería el solazo. ¡Pero no! El verdadero protagonista fue el río de aguas negras que tenía más de un mes paseándose como turista VIP por la banqueta del mercado. ¡Ya hasta pedía su credencial de INAPAM de tanto tiempo ahí!
Ahí estaba el chorro: espeso, oloroso, coqueto, saludando a la gente. Hasta que ¡zas! Se nos patinan cuatro cristianos, casi hacen clavado con puntuación olímpica. La dignidad voló, los zapatos se enchilaron y la CAEV… bien gracias, como si no fuera con ellos.
Pero luego, ¡bendito Facebook! ¡bendito Chisme Tuxpeño! ¡QUE LOS PUBLICA FORO! y ¡ay, nanita!
La CAEV amaneció madrugadora. Tan temprano que ni los taxis estaban circulando.
Y ahí tiene usted a las cuadrillas:
Con pala, manguera, cara de “¿Coladera? ¿Dónde?” y ese trote apresurado de cuando ya saben que los balconearon.
—¡Muévanse, muévanse, que nos graban!
—¡Dale duro, que ya prendieron la cámara!
Parecía escena de reality show.
Nomás les faltó una botarga y el listón inaugural.
Ya desazolvaron, ya aspiraron, ya hicieron su show, y el olor bajó tantito. La gente nada más suspiró y dijo:
“Pos bueno… ya vinieron. Aunque haya sido porque tronó la bomba”.
Porque así es Tuxpan, mi reina: Aquí no se mueve nada por voluntad… ¡se mueve cuando sale en Chisme Tuxpeño!